lunes
EL GOTEO DE LA MENTIRA COMO ESTRATEGIA
domingo
RAZA PURA.
Esto es alucinante. El diagrama ilustra el sistema de castas que se desarrolló durante la época colonial española, clasificando a las personas según su ascendencia racial (española, indígena, africana, etc.).
Nombres como "mestizo", "mulato", "zambo" o
"saltatrás" se utilizaban para designar las diferentes combinaciones
resultantes en nuestra mezcla.
Ni se me ocurre qué pasaría si incluyéramos a otros indoeuropeos griegos,
alemanes, noruegos, franceses, ingleses, italianos, rusos, croatas, turcos,
palestinos y judíos que concurren a nuestra mezcla.
¿Más revueltos, dónde? Y
eso sin adicionar que los españoles ya venían cargados de sangre mora.
(El esquema está en Wikipedia)
ROSALIND FRANKLIN
ROSALIN FRANKLIN es especialmente famosa por su trabajo en el King's College de Londres, donde, junto con su estudiante de doctorado Raymond Gosling, obtuvo la icónica "Fotografía 51" del ADN en mayo de 1952.
Su contribución fue fundamental para el descubrimiento de la estructura del ADN
pero no fue reconocido adecuadamente en su momento, y el Premio Nobel de 1962
fue otorgado a WATSON CRICK y WILKINS.
En su estancia en el King’s College, Rosalind Franklin mejoró el aparato para
obtener imágenes con ADN, cambió el método y obtuvo fotografías.
En noviembre
de 1951 dio una charla para exponer sus resultados a sus colegas del King’s
College. Entre el público estaban WATSON y CRICK, también interesados por la
estructura del ADN, y que trabajaban en el Laboratorio.
WATSON, en su libro de memorias la Doble Hélice escribe estos párrafos sobre
ella:
" Estaba decidida a no destacar sus atributos femeninos. Aunque era de
rasgos enérgicos, no carecía de atractivo, y habría podido resultar muy guapa
si hubiera mostrado el menor interés por vestir bien. Pero no lo hacía. Nunca
llevaba los labios pintados para resaltar el contraste con su cabello liso y
negro, y, a sus 31 años, todos sus vestidos mostraban una imaginación propia de
empollonas adolescentes inglesas."
Todo un patán con premio Nobel.
EL CHICO MOLINA
Pocos saben como fueron los días finales de Eduardo Molina Ventura, muerto en el invierno de 1986. Se conoce su leyenda: que jamás publicó un libro pero tiró de la carreta poética de muchos connotados. Fue un hombre superado en vida por la propia leyenda que creó. Decayó y murió como un anciano sin fuerzas, abandonados por sus discípulos de ayer y todos los que profitaron de la energía e imaginación de su plenitud.
La personalidad magnética de Molina - un hombre de corbata y modales -
convertía cada encuentro en un "miniescenario" de palabras, risas y
gestos, tejiendo mitos y espejos poéticos a su alrededor en los que se miraban
Vicente Huidobro, Teófilo Cid, Enrique Lihn, Eduardo Anguita, Stella Díaz
Varín, Jorge Tellier, Efraín Barquero y Nicanor Parra. Molina estaba en
vanguardia por sobre ellos.
Huidobro no soportaba que Molina estuviera más informado de literatura en el
ámbito trasatlántico que él habitó.
Si Huidobro hablaba de Paul Eduard, Molina ya lo sabía todo.
Si Huidobro fanfarroneaba de sus amistades aristócratas, Molina demostraba
mejores linajes. Molina lo sabía todo de antemano.
Si alguien decía impulsar algún movimiento, Molina ya lo había identificado
fuera del país y sabía quien era el impulsor. Molina estaba al tanto de todo.
Molina fue quien descubrió la existencia de un escritor finísimo que había que
leer; Herman Hesse. Sus amigos fueron a leer "Demian" a la Biblioteca
Nacional y había que leerlo en la sala de lecturas, sin préstamos. Era 1938.
Molina fue el primero que habló Teilhard de Chardin. Fue el diletante de los
diletantes.
A pesar de su talento, Molina permaneció inédito, pero más allá de los libros
hay un valor en esas figuras marginales que enriquecen la literatura con su
presencia legendaria.
Flotante y magnético, Molina tiene dos artículos que describen su presencia; en
"La Belleza de Pensar" de EDUARDO ANGUITA y un par de poemas en
"Discursos de sobremesa" de NICANOR PARRA . En uno de ellos, Parra
agradece el premio con humor mordaz y evoca a Eduardo Molina Ventura, el
legendario "Chico Molina", amigo común de la Generación del 38 y de
las tertulias santiaguinas.
TALCA, CHILLÁN Y LONDRES
(El discurso que está por escribirse)
Señoras y señores:
Talca, Chillán y Londres
son los tres nombres que me trajeron aquí
o los tres nombres que me llevaron allá
no lo sé con certeza
pero lo que sí sé es que
en este preciso instante
me encuentro en el centro de un rompecabezas
donde las piezas no encajan
o encajan de más
como en un poema de T.S. Eliot.
[ ... ]
Y hablando de poetas invisibles
que merodean por los márgenes del canon
como fantasmas en una casa embrujada
me acuerdo del Chico Molina
ese dandy etéreo de las peñas del 38
que flotaba por las calles de Santiago
con su corbata al viento
y un verso de Saint-John Perse en la boca
¡El Chico Molina!
el que nunca publicó un libro en vida
pero que traducía a los muertos
y resucitaba a los vivos
con una sola impertinencia
lanzada al vuelo
como un cóctel Molotov de palabras.
Él me diría hoy, si estuviera aquí
con su aleteo marino de brazos:
"No me explico, Nicanor,
cómo te dieron esta medalla
si ni siquiera sabes diferenciar
un abate de un antipoeta". Y tendría razón,
porque Juan Ignacio Molina
el sabio italiano-chileno
describía pájaros y plantas
mientras nosotros
nos emborrachamos con vino de Borgoña
discutiendo si el universo
es un huevo o una naranja.
Pero gracias, de todos modos,
por este honor inmerecido
que me obliga a confesar
que la verdadera medalla
es la que otorgan los amigos ausentes
como el Chico Molina
o como Chillán en las noches de invierno
cuando el Bío-Bío murmura secretos
a los pollitos que dicen pío pío.
[ ... ]
Hasta aquí los discursos han sido buenos
pero el que está por escribirse
será el definitivo:
un manifiesto contra el silencio
de los poetas que no mueren
sino que se convierten en estatuas de sal
en el desierto de Atacama. Gracias.
[En la imagen Stella Díaz Varín con Eduardo Molina Ventura]
LAS TINIEBLAS DEL ALMA DE CHILE
(Primera Parte)
Me invitaron a leer "Las tinieblas del alma de Chile" un artículo de
la filósofa Lucy Oporto Valencia. Impacta por su crudeza.
La dictadura no solo dejó cicatrices visibles en la economía y la política,
sino que impregnó profundamente la psique colectiva, moldeando una identidad
nacional marcada por el trauma, el silencio y una violencia latente.
Este legado cultural, subestimado, se manifiesta en cómo procesamos la
realidad:
- con desconfianza hacia las instituciones, que son "lo colectivo",
- ambivalencia ante la autoridad y
- una normalización del dolor que permea desde la vida cotidiana hasta las
dinámicas sociales contemporáneas.
El Contexto Histórico:
1.- La dictadura reconfiguró la identidad chilena mediante un control cultural
sistemático. Promovió un nacionalismo conservador que exaltaba valores
"tradicionales" -orden, heroísmo, obediencia- para legitimar su
poder.
2.- La censura destruyó miles de libros y exilió artistas, creando un vacío que
incentivó el individualismo y el consumismo como mecanismos de escape.
("Hay que dar vuelta la hoja")
Este proceso buscaba una narrativa que justificara la violencia, dejando un
legado de autodesprecio hacia lo popular e indígena. Como resultado, el
"ser chileno" se asocia hoy con el éxito material y la sumisión, pero
con un subtexto de miedo que distorsiona nuestra percepción colectiva de la
realidad. Es tremendo.
El núcleo del daño radica en cómo la dictadura alteró el procesamiento de la
realidad. La represión generó un trauma transgeneracional que permeó la
sociedad entera. Surgió una "cultura del silencio", donde el duelo se
evitó por supervivencia, fomentando negación y disociación.
Psicólogos chilenos documentaron cómo esta violencia exacerbó el estrés
emocional.
Un sector aún ve a Pinochet como "salvador", un procesamiento
distorsionado por la propaganda que ignora las 3.200 víctimas fatales y
perpetúa un "FRACASO ETICO" en el reconocimiento del daño causado.
Lucy Oporto habla de una metástasis de la tortura dictatorial inserta en
nuestra cultura y con duros ejemplos de violencias contemporáneas como las 17
casas de tortura vinculadas al Tren de Aragua y hospitales públicos, donde
colegas torturaron a un profesional por diversión.
Y advierte: "La tortura se ramifica como brotación de la violencia que se
quiere a sí misma legitimar" Es un "narcofascismo" que prolonga
la dictadura por medios más radicales. Ejemplos como el secuestro y
descuartizamiento en Collipulli (2021), o la transmisión en vivo de torturas en
Argentina (2025) con nexos transnacionales, muestran una "instintividad
sin espíritu" que seduce con la impunidad y el nihilismo.
Esta barbarie coincide con la reivindicación de Pinochet y la decadencia
institucional, donde además el INDH es cuestionado, lumpenizando al Estado
desde dentro.
Culturalmente, esta herencia fomenta polarización: el individualismo neoliberal
privatiza la solidaridad, reduciendo la empatía y dificultando reformas que
cuestionen el statu quo. En la política, el miedo al "caos", eco del
golpe, resiste cambios, mientras jóvenes buscan una identidad inclusiva,
chocando con un duelo no elaborado que se manifiesta en negacionismos y memes
de resiliencia superficial.
Conclusión:
La herencia cultural de la dictadura no es un relicto estático, sino una fuerza
viva que distorsiona nuestra identidad y perpetúa violencias en las tinieblas
del presente. Desde la propaganda que moldeó un "chileno" obediente,
hasta la tortura como espectro en el crimen organizado, esta impronta revela un
Chile dividido: resiliente, pero herido por el silencio y la ambivalencia.
Reconocerla no es sesgo, sino acto de memoria activa que invita a romper ciclos
—a través de educación, arte y políticas reparativas— para procesar la realidad
con empatía y justicia. Solo así, el "ser chileno" podrá trascender
la dictadura, tejiendo una identidad colectiva luminosa y no ensombrecida por
el pasado. Por ello importa levantar las banderas de la Belleza, la Verdad y la
Humanidad.
LAS TINIEBLAS DEL ALMA DE CHILE
(Segunda Parte)
De la primera parte de "LAS TINEBLAS DEL ALMA DE CHILE" basada en una
reflexión sobre el artículo de la filósofa Lucy Oporto se puede concluir
razonablemente que la sociedad chilena está enferma porque presenta síntomas de
una "enfermedad" profunda y crónica, en un sentido metafórico y
psicosocial, heredada de la dictadura.
¿Y cuáles son los síntomas de estos daños psicológicos de esta enfermedad?
1.- Trauma transgeneracional:
Permeó la sociedad entera, afectando no solo a víctimas directas (40.000 casos
de torturas, desapariciones y exilios), sino a generaciones posteriores
mediante herencia de heridas emocionales.
2.- Cultura del silencio:
Evitación del duelo por mecanismos de supervivencia, fomentando negación y
disociación colectiva para no confrontar el dolor.
3.- Estrés emocional exacerbado:
Documentado por psicólogos chilenos, derivado de la violencia estructural, que
genera una sociedad con altos niveles de ansiedad y tensión constante.
4.- Hipervigilancia ante el conflicto:
Respuesta social al trauma, donde la sociedad permanece en alerta perpetua,
interpretando cambios o protestas como amenazas inminentes.
5.- Posmemoria:
Recuerdos internalizados en generaciones no directas, distorsionando la
percepción de la realidad y reactivando heridas en eventos como el estallido
social de 2019.
6.- Procesamiento distorsionado de la realidad:
Influido por propaganda dictatorial, que ignora 3.200 víctimas fatales y
perpetúa un "FRACASO ÉTICO" en el reconocimiento del daño, llevando a
visiones idealizadas de Pinochet como "salvador".
7.- Desconfianza hacia lo colectivo:
Erosión de la solidaridad social, derivada del individualismo neoliberal
impuesto, que privatiza las relaciones y reduce la empatía.
8.- Ambivalencia ante la autoridad:
Mezcla de sumisión y miedo, moldeada por la narrativa de "raza
heroica" que justifica la violencia estatal.
9.- Normalización del dolor cotidiano:
Integración del sufrimiento en la vida diaria, manifestada en polarización y
resistencia a reformas por temor al "caos" (eco del golpe).
10.- Autodesprecio hacia lo popular e indígena:
Legado cultural de la propaganda, que asocia el "ser chileno" con
éxito material y obediencia, marginando identidades no elitistas.
11.- Reducción de empatía:
Efecto del individualismo, que dificulta el procesamiento colectivo de
desigualdades y fomenta negacionismos.
12.- Duelo no elaborado:
Se manifiesta en memes de resiliencia superficial y polarización, chocando con
esfuerzos juveniles por una identidad inclusiva.
- - -
Ahora viene lo que importa;
De mayor a menor ¿quién tiene capacidad para impulsar un proceso de sanación?
Ningún candidato propone un "plan integral de sanación" explícito,
pero evalué su alineación con principios de memoria activa (educación, arte,
políticas reparativas) v/s. negacionismo.
CANDIDATO
1.- Jeannette Jara
Enfatiza "memoria y justicia" como base para el futuro, cuestiona la
justificación de violaciones a DD.HH. en dictadura y apunta contra quienes
minimizan muertes. Como progresista, promueve reparación y rechazo a retrocesos
autoritarios, alineada con sanación colectiva.
2.- Eduardo Artes
Fuerte detractor de la dictadura; advierte que "sacamos a Pinochet" y
no permitiría gobiernos que la evoquen (ej. Kast). Su ultraizquierda enfatiza
reescritura constitucional y refundación de FF.AA., favoreciendo reparación y
memoria anti-autoritaria.
3.- Marco Enríquez-Ominami
Condena explícitamente el golpe y dictadura (como hijo de líder MIR asesinado).
Su progresismo histórico apoya memoria y derechos humanos, aunque reservó
comentarios en 2025; favorece sanación vía creatividad cultural y rechazo a
tiranía.
4.- Harold Mayne-Nicholls
Rechaza empatía con dictadura y "violencia extrema"; posiciona contra
extremos autoritarios. Como independiente centrista, promueve diálogo y rechazo
a violencia, potencial para sanación moderada vía políticas inclusivas.
5.- Evelyn Matthei
Justifica el golpe como "necesario" y muertes iniciales
"inevitables", aunque critica excesos posteriores y niega ser
pinochetista. Su derecha mantiene vínculos familiares con dictadura, limitando
sanación profunda por ambivalencia.
6.- José Antonio Kast
Celebra el golpe como elección de "libertad" contra "revolución
marxista"; su partido exalta FF.AA. en 1973. Negacionismo histórico
bloquea memoria y justicia, agravando heridas en lugar de sanarlas.
7.- Johannes Kaiser
Culpa a Unidad Popular del "quiebre"; apoyaría nuevo golpe y
proscribir PC. Su extrema derecha divide la "fecha que nos divide",
promoviendo propaganda anti-izquierda que perpetúa polarización y trauma.
Jeannette Jara destaca como la más idónea para liderar la sanación, por su
compromiso explícito con memoria y justicia.
Candidatos de izquierda/progresista (Jara, Artes, Enríquez-Ominami) avanzan más
en reparación, mientras la derecha (Kast, Kaiser, Matthei) arriesgan reabrir
heridas por justificación, relativización o silencio.
Un proceso eficaz requiere un consenso transpartidario. Difícil si quien tiene
que dirimir es la ciudadanía.
VIOLETA - QUEVEDO", en el medioevo
Estoy leyendo Poesía Medieval Española en un librillo que
parece misal, con esas hojas infinitesimalmente delgadas, de la editorial
Planeta y editado por Manuel Alvar. Se lo compré a un amigo —judío marxista,
según él— cuyo nombre olvidé, como olvidé mis años de "parásito
fiscal", en una oficina del SERVIU de los 80'. Una vez al mes me visitaba
este amigo cargado de libros con mil y tantas páginas de papel bíblico.
Abro Poesía Medieval Española en cualquier parte, que siempre será novedad, en
el capítulo "Cancionero Tradicional". Leo:
CABO
Rabia terrible me aquexa,
rabia mortal me destruye,
rabia que jamás me dexa,
rabia que nunca concluye;
remedio siempre me huye,
reparo se me desvía,
revuelve por otra vía
revuelta y siempre rehúye.
Repeticiones hipnóticas para amplificar el dolor, como en "Qué pena siente
el alma". Oye, pero esto suena a Violeta Parra. ¿Por qué?
Hay nexos sutiles en Violeta, desde un seudónimo de homenaje hasta adaptaciones
que "folklorizan" su poesía burlesca, pasando por ecos temáticos en
la crítica social y la vanidad de la vida, como lo hacía el inmenso Quevedo.
En 1951, Violeta Parra publicó su libro de poemas Antenas del Destino, bajo el
seudónimo "Violeta Quevedo". No era casual: era un guiño explícito al
maestro español, reconociendo su influencia en su estilo conciso y satírico.
Veamos un ejemplo:
-FRANCISCO DE QUEVEDO: Boda de negros (1627, extracto)
Vi, debe haber tres días,
en las gradas de San Pedro,
una tenebrosa boda,
porque era toda de negros.
Parecía matrimonio
concertado en el infierno:
[...]
El novio era un carbón vivo,
la novia un betún de azabache;
los padrinos, dos cernadas
de la hez de la bodega.
VIOLETA PARRA: Casamiento de Negros
Se ha formado un casamiento
todo cubierto de negro,
negros novios y padrinos,
negros cuña'os y suegros,
y el cura que los casó
era de los mismos negros.
[...]
El vestido de la novia
era negro como la pez,
y el del novio era de charol,
negro como carbón de leña.
Violeta Parra lo folklorizó, lo mestizó y lo hizo suyo, convirtiendo la sátira
cortesana en un canto popular que duele y hace reír.
En el vasto tapiz de la cultura chilena, Violeta Parra emerge como una peregrina
del alma popular que se adentró en los rincones más remotos del campo chileno
para rescatar tesoros orales que, de no ser por ella, habríanse disipado para
siempre. Porque has de saber que en la memoria rural de Chile laten ecos
medievales. Esos giros idiomáticos que nos sonaban añejos y huastecos eran, en
realidad, ecos vivos del medievo español. Al menos en los campos que recorrió
Violeta en los cincuenta.
EL CANCIONERO TRADICIONAL de Alvar destaca por su poesía cantada: estrofas
octosílabas con rima asonante o consonante, narrativas en cadena y un tono
impersonal que evoca lo colectivo. Violeta Parra hereda esto directamente en
sus canciones, usando formas renacentistas-medievales mestizadas. Es increíble.
Desenterró más de 3.000 canciones, décimas y relatos que tejían el mestizaje
vivo del campo chileno, ese vasto erial de olvidos y resistencias que se
convirtió en el santuario inadvertido de la tradición oral medieval española.
Traídas por los conquistadores en el siglo XVI, las coplas y romances no se
petrificaron en códices reales, sino que se adaptaron, mestizándose con ritmos
indígenas y criollos.
En los fundos aislados del centro-sur, donde el tiempo fluye en ciclos de
siembra y cosecha, estas formas medievales sobrevivieron intactas en la boca de
los payadores: la décima, invento renacentista con venas medievales, se
convirtió en duelo verbal bajo los parrones.
Violeta lo vio claro: en el rural chileno, la herencia hispana no era reliquia,
sino pulso vivo. Sus recopilaciones son puentes que llevan el susurro medieval
de los campos a las peñas urbanas.
Sus expediciones no solo salvaron un patrimonio al borde del olvido, sino que
probaron que en el rural - ese Chile profundo de surcos y fogones - late el
corazón de España medieval, adaptado y renacido en un nuevo mundo.
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Imagen de Violeta Parra copiando un dictado y tomada en 1957 por el fotógrafo
Sergio Larraín.
Invitado por Violeta Parra para recorrer el campo de la zona central
recopilando canciones, Larraín la retrata escribiendo al dictado de los viejos
cantores. Sólo un par de imágenes se publican en Cantos Folklóricos Chilenos
(1959). El libro es el único registro de su trabajo juntos
TRABAJÓLICO" o ENFERMO? (Síndrome de Burnout)
Uno imagina que es libre, pero en realidad lo que hace es explotarse a sí mismo, voluntariamente y con entusiasmo, hasta colapsar. ¿Este colapso se llama burnout?
¿Qué es el burnout en esencia? No es solo estrés puntual, sino una acumulación
crónica y viene de la auto explotación: trabajar sin parar, ignorar señales de
fatiga, y hacerlo con "entusiasmo" porque creemos que es nuestra
elección (o porque la sociedad nos premia por ello).
Sus síntomas son fatiga extrema, cinismo, sensación de inutilidad,
irritabilidad, problemas de concentración, e incluso síntomas físicos como
insomnio o dolores crónicos.
El filósofo Byung-Chul Han en "La Sociedad del Cansancio" habla de
cómo en la era del "emprendedor de sí mismo" nos volvemos nuestros
propios explotadores, sin necesidad de un jefe tiránico. Es una libertad
ilusoria que nos lleva al agotamiento voluntario.
El estrés y el síndrome de burnout están relacionados, pero no son lo mismo. El
estrés es una respuesta natural del cuerpo a presiones externas o internas, que
incluso puede ser útil en dosis moderadas. Sin embargo, cuando se prolonga sin
resolución, puede evolucionar hacia el burnout, un estado crónico de
agotamiento extremo que afecta el bienestar general.
Según la OMS, el burnout se clasifica como un fenómeno ocupacional, no como una
enfermedad, pero se distingue del estrés por su profundidad y duración.
viernes
DEFENSA DE HITLER
Me tiene harto el History Channel con su relato simplista sobre Hitler, esa narrativa cómoda que reduce todo a un villano solitario y oculta las raíces sistémicas, las fuerzas colectivas que lo engendraron y lo sostuvieron. Hitler no cayó del cielo como un meteorito maligno; fue el producto inevitable de un ecosistema tóxico: resentimientos nacionales profundos, intereses económicos voraces y alianzas políticas oportunistas que lo catapultaron al poder en 1933 y lo mantuvieron allí durante doce años de horror.
Muchas de esas fuerzas poderosas -élites, instituciones y corporaciones- se lavaron las manos tras la derrota, reconstruyeron sus imágenes con astucia y persistieron en formas más sutiles y veladas.
Esta versión de "un loco hipnotizador" no solo exime de responsabilidad a sociedades enteras, sino que desarma nuestra vigilancia: permite que dinámicas fascistas similares resurjan hoy, camufladas bajo el manto del populismo o el "realismo económico".
Para y reflexiona: ¿qué fuerzas "grandes y poderosas" se esconden ahora detrás de los candidatos que prometen salvación simple? Reconocer la complicidad sistémica es el primer paso para desmantelarla.
Se pinta a Hitler como un demagogo carismático que embrujó a una nación pasiva, pero la realidad es más cruda: él fue el catalizador, no el creador. El Partido Nacional Socialista del Pueblo Alemán, un bloque derechista, lo maniobró hacia la cancillería mediante un nombramiento "legal" pero turbio, viéndolo como un dique contra el comunismo.
Industriales como Fritz Thyssen y Emil Kirdorf inyectaron fondos al NSDAP desde 1931, seducidos por las promesas de mano de obra barata y la aniquilación de sindicatos. Incluso la izquierda alemana, fracturada entre socialdemócratas y comunistas, allanó el camino al no forjar una alianza contra la amenaza común.
En un sistema capitalista al borde del colapso, Hitler fue el chispazo; culparlo solo a él absuelve a los engranajes que lo hicieron girar.
Una vez en el poder, el nazismo se reveló no como un delirio personal, sino como una maquinaria respaldada por los pilares de la sociedad alemana. La Iglesia Católica legitimó al régimen a cambio de salvaguardas para sus fieles, mientras el protestantismo luterano se fundía con el "cristianismo alemán" teñido de antisemitismo. El ejército vio en Hitler al restaurador de la gloria prusiana.
Pero el verdadero motor económico de la atrocidad fue aún más cínico: empresas alemanas suministraron el Zyklon B para las cámaras de gas y explotaron mano de obra esclava en Auschwitz. Siemens, Krupp y Volkswagen florecieron con contratos estatales, fabricando tanques y "coches del pueblo" a costa de prisioneros de guerra. Ni las multinacionales extranjeras se apartaron: Ford y General Motors montaron vehículos para la Wehrmacht, e IBM entregó tecnología para censos raciales que agilizaron deportaciones masivas. Estas no fueron meras "colaboraciones pasivas"; eran inversiones calculadas en un régimen que ofrecía estabilidad anticomunista y ganancias obscenas.
El Holocausto, lejos de ser un "exceso" hitleriano, fue un proyecto sistémico orquestado donde se coordinaron ministerios, empresas y ferrocarriles en la "Solución Final". Funcionarios, banqueros y ejecutivos comunes ejecutaron el genocidio por obediencia ciega y codicia personal. Nada muy distinto de lo que hoy presenciamos en el genocidio palestino, donde estructuras de poder globales se benefician en silencio.
Tras el Holocausto y la derrota nazi, los Juicios de Núremberg pusieron el foco en "criminales de guerra individuales", dejando intactas las estructuras sistémicas que los habilitaron. Corporaciones como Volkswagen se reintegraron a la economía de posguerra con multas simbólicas, mientras bancos suizos blanquearon oro nazi y activos judíos saqueados, amasando fortunas que aún circulan.
Miles de exnazis escalaron en la administración, el ejército y las empresas. Estados Unidos reclutó científicos nazis como Wernher von Braun para la NASA, priorizando la Guerra Fría sobre la justicia.
Al externalizar la culpa en Hitler -el "monstruo único"-, se permitió que el capitalismo alemán renaciera de las cenizas nazis, y que ideales como el Lebensraum o el antisemitismo mutaran en narrativas de "defensa nacional" o "críticas al globalismo". Esta dinámica no es una reliquia del pasado; apuntar a Hitler como arquetipo del mal absoluto desarma nuestra defensa contra fascismos modernos. Al reducirlo a un "individuo loco", ignoramos sistemas similares que operan hoy.
Piensa en el ascenso de Viktor Orbán en Hungría o Jair Bolsonaro en Brasil: no son "nuevos Hitlers", pero prosperan en crisis económicas y divisiones sociales, respaldados por oligarcas y medios que blanquean su imagen como "defensores del pueblo".
En Europa, hay partidos que reviven tropos antisemitas y antiinmigrantes, culpando a "élites globales" en vez de escudriñar desigualdades estructurales.
Corporaciones multinacionales financian campañas populistas para desregular mercados, mientras gobiernos "democráticos" erosionan derechos laborales.
La lección no es solo "nunca más un Hitler", sino "nunca más un sistema que lo tolere". Al no desmantelar esos engranajes -educación deficiente en historia crítica, desigualdad galopante, impunidad corporativa-, dejamos que el fascismo persista no como figura carismática, sino como un bluff estructural, invisible y omnipresente.
En resumen, Hitler fue el rostro visible, la fachada de un proyecto colectivo impulsado por poder, codicia y miedo.
¿Y la masa alemana, el pueblo qué hizo? No solo toleró el nazismo; lo abrazó activamente. Este respaldo no fue un trance hipnótico o un engaño pasivo, sino el fruto de resentimientos acumulados, promesas cumplidas y una manipulación cultural que caló en todos los estratos sociales. En las elecciones de marzo de 1933, el NSDAP mantuvo el 43,9% de los votos; no era un apoyo marginal, sino transversal: el 40% de protestantes y católicos lo respaldaron, y en zonas rurales alcanzó el 50%. Para el pueblo, Hitler no era un extremista, sino un salvador pragmático, un "hombre fuerte".
La propaganda de Goebbels forjó un "culto al Führer" que impregnaba todo: el 90% de la prensa lo idolatraba, y encuestas internas nazis registraban un 80-90% de aprobación. y hoy el 80% pueblo de Israel apoya el extermino palestino.
Plebiscitos manipulados pero reveladores lo confirmaban: el 99% avaló el Anschluss con Austria en 1938, y el 90% la anexión de los Sudetes. Las clases medias aplaudieron la quiebra de sindicatos y el anticomunismo; campesinos celebraron las protecciones agrícolas; mujeres amaron los incentivos para roles tradicionales, como la Cruz de Oro de la Madre.
Alrededor del 70% de los alemanes veían el régimen como "positivo". El discurso nazi con su purga de "enemigos internos" y judíos tildados de "parásitos", ¿te suena familiar?, unió a la mayoría: el 60-70% de los protestantes respaldaron las políticas raciales.
El pueblo no fue "engañado" pasivamente; fue cómplice en su propia comodidad, priorizando estabilidad sobre moral.
Ningún tirano asciende sin el eco complaciente del pueblo que anhela ser engañado, por lo tanto, la redención de la historia no yace en exorcizar el fantasma del líder, sino en desarmar el espejo que refleja nuestra propia complicidad.
domingo
Los ORIGAMI de BRANDEMBURGO.
jueves
SEKRÏOT, embrión de la resistencia Selk´nam

Los guanacos no sólo eran el alimento de los nativos, también los abastecían de materias primas para sus vestidos, calzados y viviendas. Así pudieron alcanzar una población de entre dos mil y tres mil individuos, que vivía en armonía con la naturaleza y disponiendo de una gran oferta de recursos, que no exigía grandes esfuerzos ni el desarrollo de técnicas avanzadas para lograr su sustento. A pesar de no haber desarrollado industrias, los fueguinos poseían una riqueza cultural asombrosa. “Tenían todas las oportunidades, no eran de subsistencia, no necesitaban tanto tiempo que invertir en la subsistencia y tenían tiempo para las cosas que hacen bella la vida. (1)

Su rito de iniciación, de paso a la adultez, el Hain, era una ceremonia que constituía una representación teatral de personajes místicos, con pinturas corporales y máscaras con motivos abstractos. Además, era un encuentro social que podía prolongarse durante varios meses, como reflejo de la abundancia de alimentos que disponían.
Estas etnias que durante, al menos, diez mil años siguieron la ruta de los camélidos para proveerse; se encontraron, sorpresivamente, que su territorio libre se había dotado de propietarios; que en sus praderas y bosques ahora se habían erigido alambrados y que su traspaso implicaba la pena de muerte sumaria dictada por los forasteros; que si los “guanacos blancos”, que ahora pastaban en su terruño, eran cazados para alimentarse podían ser ellos los cazados por los “grupos de tareas” de los estancieros; que sus mujeres eran arrebatadas a sangre y fuego por mineros, personal de las estancias y hasta por uniformados; que la organización territorial que tenían se había desbaratado y debían migrar hacia zonas ocupadas por otras familias, provocando combates entre hermanos; que su otrora holgada subsistencia se hizo insostenible y debían mendigar para lograr raciones alimentarias; que para conseguir refugio debían someterse a los rituales de una religión extraña y cambiar sus hábitos culturales; en definitiva, para sobrevivir la única opción que les ofrecía la “civilización” era la de proletarizarse como peones y sirvientes de los invasores.
Invasión y genocidio
Mancomunidad represiva.


SEKRIÖT ataca de nuevo

Notas:




















