Rubén Cárcamo Bourgade

viernes

UNO de MARYLIN


Nadie  ha posado  ni quebrado sus pliegues delicados al flash viril que la posee por el lomo, boca, pecho, y por la estirpe de su propia forma con sus fondos, contracurvas y afelpados, oleajes y asoleados como ella. Las otras van detrás de su estola de visón y su farola. Nadie es más porque nadie alcanzará su estela de star y top.



Quien quisiera destriparla en esos tajos que le violaron el costado de su cristo,  no sabe lo que es orar mirándola. Eres mi cristo con tu cordón de carne surcida y brutal a tajo abierto. En tu desfile, en tus pequeñas muecas y en tus requiebros adivino los vahídos y también el éxtasis de toda tu belleza -  justo antes de malograrse -  jamás desnuda, porque tu carne,  es carne de fantasma de pura luz inalcanzable.

Y en los versos que te indultan, crónicas y dominicales textos, está el trofeo que somos, todos tuyos y sin fisuras cada vez que te leemos. Desde el tronco evidente y cortado hasta la espuma de los ebrios; tuyos. Con todo el cuello; tuyos. Y la vena de arrugas libre al garbo de los besos; tuyos. Porque tú eres el humilde beso que se sopla y nosotros la punta de tus dedos, porque tu eres el deseo puro y nosotros cómplices, porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, tuyo el ademán, el carnal que pide su rasguño, su gota de sudor y su destripe, para que se te vaya el punto de la media y te miremos lo tremendamente hilacha que eres, lo inconmensurablemente huacha que viste tu alma y nos des inmensa lástima. Y pediremos cuidarte más que poseerte porque eres como cada uno de nosotros.

Y aunque infinitamente hambrienta de un deseo impenetrable, nos embetunes el corazón con el Chanel N° 5; y nos pidas cual cliché, amanecer entre tus brazos. No sabemos otra cosa más que ser tuyos a pesar de saber el soporte inestable que tú eres, lo inmensamente vacilante y entregada a las traiciones. Estaremos invencibles, fieles,  entre tú y el mundo, para protegerte.
Desearte y desear. Y no saber qué glotonería te acontece en esa biblia de entrevistas, celuloide y de política que se embriaga en el perfume de tu alma que no sabemos escarbar.
Es propio de los dioses desear sin apetito. Es el estilo que prefieren los maniquíes Te lo digo porque somos alfileres, huinchas de medir, olor a raso y color de tus bordados technicolor, temple macho para tenerte en fotos, en nuestras velas de esperma y noche adolescente, que tras los párpados cerrados del adulto se azucenan  hasta el llanto de ese pelo falsamente rubio y la sonrisa de dientes tentadores prometiendo otro poquito. 
Sólo la puntita. Dime que sí, que no. Dime lo que quieras pero no lo digas. Puro polen, puro gas de embriaguez. Burbuja rubia con más pistilos, con más botones que cualquier flor, con más voltaje y nunca madre, nunca hermana, nunca esposa y siempre ajena a toda sangre. 
Enmudécete el lenguaje de los gestos, hazte apta a la divinidad  y al revelado de los secretos más promiscuos y tenme miedo. Transfórmate en un pliegue de mi sábana, haz el milagro de soñarme desde tus huesos y dame una gota de placer con la espina de ese rosal fétido a cloroformo y detergentes, que es la morgue de acero inoxidable para contener aquella turbia lágrima de pena, ese amanecer estéril e infecundo que fue todo tu aire respirado, tu amor inexistente y tu delirio marylin.