Rubén Cárcamo Bourgade

sábado

9.- Cucho en Machu Pichu

- Cucho me dice que quiere conocer Machu Pichu.
Le recomiendo que suba al Waina Pichu y se siente en la piedra del Inca y mire la cumbre de los montes tocando tanto azul y preguntando ¿qué hago aquí? ¿Subí para nacer? Son dos preguntas fundamentales antes de bajar la mirada sobre los techos de las chozas y de bajar con los turistas. Enlazar las manos a lo que amas y mirar hasta el último confín de las montañas donde está el origen del viento. Vano será pedir que el mundo se detenga pues allí no está el privilegio de la eternidad. No está en ninguna parte.
- ¿Te acuerdas Sonia?
- Sí, sí me acuerdo: “Mientras haya un viento frío en estas cumbres, será bella la vida” dijiste eso o algo parecido. Es lo más cercano al deseo de eternidad que he escuchado. Lo mejor de la subida es llegar allí. Es un bautizo entre orquídeas y abejorros. Comentando con peruanos. Los de la costa son distintos a los de la sierra. Dile al Cucho que se relaje en Aguas Calientes una noche antes de subir. Que se tome un baño de aguas termales con mujeres en la noche. Que lleve un traje de baño con el color de luna llena. Que no se le ocurra, como a ti, bañarse con un Boxer. Te veías celestial. No confundas; era por las blancuras de tus carnes no por la musculatura. Hay peruanas muy hermosas y otras pequeñitas que miran y no miran, pero miran.  Y dile que se proteja del sol.
- Mejor no recomendar. Seamos prudentes con el espíritu de los demás. Y silenciosos con el apetito de las otras.
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