Rubén Cárcamo Bourgade

sábado

8.- Ha llegado carta...¿Para quién?

Acabo de recibir carta de Cucho avisando que se acerca veloz a los cincuenta y pasó tan rajado, que ya avizora los sesenta. Lo que me produce un inmenso escalofrío.


¿Y el Monseñor Vitucho que edad tendrá? Si es la que sospecho, seguro que no la representa. No ves que allá en Iquique están las momias secas.


Recibo un comunicado del banco informándome que no pueden renegociar mi deuda hipotecaria porque estoy sin trabajo; a pesar de que pago oportunamente mis dividendos todos los meses porque tengo fondos para un buen rato. ¡La gran puta! Soy un riesgo. Y me cagan. Espero que no sea por la edad. Se les abre el apetito. Ni me ayudan ahora que el horóscopo me dice que tengo la sartén por el mango.


Furia es lo que me hace falta. Quisiera estar en Cuba sin la casa. Trabajando un día si; un día no. Mi amol.


- ¡Me acordé de Manolo; Sonia! -


El muy fruta se enamoró en la isla y tuvo malos pensamientos pero cómo me lo contó ....era malos deseos. Bueno, ni tantos, cualquiera se embelsa con ver unos glúteos que sólo se ven en los comic.


Por las calles de La Trinidad fumando un habano que regalan esos que nos quieren tanto, me iría, bañándome donde se bañan esos pobres de La Boca. Esos limpios en sus corazones y tal vez haciendo clases de lectura en la escuelita República de Chile. Les llevaría mi banderita tricolor para que cambien esa de papel que se amarilla. Encalaría las murallas de sus salas de clase donde cruzan los gorriones bulliciosos que no tienen cielo. Dibujaría corazones en sus pizarrones. Iría a las calles con escalinatas a escuchar a los cantantes. Me dormiría en los rincones. No pensaría en dividendos.

Centro Habana con sus palacios ruinosos donde viven familias que cuelgan sus ropas en los balcones y se sientan en el malecón al atardecer es un de los barrio pobre allá en la Habana.


El edificio es de 1936 y en sus buenos tiempos imitó esas moles de Boston y Filadelfia, con fachadas de bancos sólidos y eficaces. En realidad conserva la fachada y los turistas se asombran y le toman fotos y hasta aparece en las revistas, fotografiado sobre todo en días de tormenta. He visto fotos alucinantes, con el mar furioso saltando sobre el Malecón, con esa luz azul-gris de los ciclones, y el edificio salpicado de agua, pero sólido y antiguo. Adentro se está cayendo a pedazos y es un laberinto increíble de trozos de madera, oscuridad, olor a rancio y a cucarachas, y a mierda fresca. Y habitaciones añadidas, restando espacio a los pasillos, y broncas y fajazones de los negros. Llegué a la acera y allí al frente estaba el letrero viejísimo, ya casi ilegible: "Una revolución sin peligro no es una revolución. Y un revolucionario sin capacidad de asumir el riesgo no tiene decoro." La frase no estaba firmada. Por la pinta debía ser de Fidel o de Raúl. En la esquina había una valla nueva y enorme. Con letras bien grandes de colores brillantes decía: "Cuba, un país de hombres de altura". En una esquina un atleta negro saltaba sobre un cielo azul. No sé. Era incomprensible”...


Este texto de Pedro Juan Gutiérrez es absolutamente cierto. Mi visión de Centro Habana coincide. El poblador de La Habana se mueven por calles sucias y estrechas con una atmósfera de erotismo, humor y ternura donde conviven niños y rufianes. Es la vida del día a día en Cuba, sin las burdas conspiraciones políticas que incendia la prensa ideologizada. Hay que conocer el corazón profundo de los cubanos. No cuesta nada amarlos sin condiciones.
Ah, què frase esa: “Socialismo o Muerte…y perdonen la redundancia


Ahora cacho por qué los escritores pasan tan pálidos por la vida. Quisiera estar en la Bodeguita del Medio, tomando mi mojito. Me cargan los daikiris que le gustaban al Ernesto; El Hemingway ese. No tengo pasta de turista y tampoco quiero anclarme en la tierra de nadie porque no soy mutante Y creer que el revolucionario es el último eslabón del homo sapiens es como creer en algún cuento de Hans Christian Andersen que podría ser: El patito feo, El traje nuevo del emperador, La reina de las nieves, Las zapatillas rojas, El soldadito de plomo, El ruiseñor, El sastrecillo valiente, La sirenita o Cuba.


Pero creo en la dignidad por sobre todas las cosas. Lección que aprendí de ese Martí:


A su lumbre el porvenir de mi nación preveo.
Y lloro.
Y yo pasé sereno entre los viles
Y espantado, póngome de pie, cual a emprender la fuga!
¡Recuerdos hay que queman la memoria!
¡Zarzal es la memoria;
mas la mía es un cesto de llamas!

¿Qué más puedes hacer para un país cuyo padre de la patria es un poeta de tomo y lomo, si no creer?  En el mío, en cambio, se pueden perpetrar los más grandes errores políticos, económicos y militares, como ciertos padres de la patria o próceres de la república que acometen errores con tal heroísmo y cúmulos de infundios propagandísticos, como mentir descaradamente haciendo promesas incumplibles o justicia en la medida de lo posible, jactándose de la gran obra del gobierno militar sin que nadie aclare los hechos de holocausto, degüellos y saqueos. Se puede todavía encontrar abundante fauna que te dirá “en mi país eso no pasa”.


¿Dónde están las mentes capaces de entender las ideas? ¿La virtud de la sabiduría? Sólo veo apetitos desatados, consumidores sin templanza manipulados por un sistema que los estruja hasta los huesos y sin voluntad moral a quienes apenas se les puede llamar humanos. ¡No es metáfora imbécil!


Voy a cambiar de música. A escuchar Wedding March a Midsummer Night’s Dream Op.61 de Fèlix Mendelssohn (No computadora, no cambié de idioma). Para ver si se conjuran las niñas y se casan. No hallo qué hacer para bajar las cuentas. Dejaré que la piscina se llene de gusanos y pensaré en los amarillos limones del jardín que tan hermosos se ven aquí en este invierno. Es un bonito día de invierno para ser pro-activo. Continuaré lavando tantos platos. 
- ¿Y si me separo? -


- Monìn, ni se te ocurra que te mato. -