Rubén Cárcamo Bourgade

viernes

CONSEJOS ALGO PARTENALISTAS de Agustín Squella

Todos permanecemos atentos a nuestros derechos y bastante menos a los de los demás, y todos estamos vigilantes al cumplimiento de los deberes de los otros antes que de los propios.

Como no somos ángeles, es humano que las cosas ocurran de ese modo, aunque uno puede preguntarse cuánto resiste una sociedad, o una simple vida en común, si un énfasis desmedido en nuestros derechos diera paso a la indiferencia o al desprecio de los que tienen los demás, y si la excesiva atención que ponemos en los deberes ajenos nos hiciera olvidar aquellos que nos son propios.

En materia de derechos fundamentales, el documento que en diciembre de 1948 aprobó la ONU se titula “Declaración universal de DERECHOS humanos”, mientras que el que fue sancionado meses antes de ese mismo año en nuestro ámbito regional se llama “Declaración americana de los DERECHOS Y DEBERES del hombre”, y yo no oculto mi preferencia por la segunda de tales denominaciones. Y ello no porque prefiera los deberes a los derechos ni menos porque recele de los segundos —como ocurre a los enemigos de los derechos humanos—, sino porque tanto la existencia individual como la vida en sociedad traen consigo un cierto número de deberes, de partida aquellos que en cualquier ámbito de la existencia hemos asumido en uso de nuestra autonomía como personas.

PREGÚNTATE entonces por tus derechos y muéstrate dispuesto a luchar por ellos, pero respeta la titularidad y el ejercicio que de los suyos tienen y hacen los demás.

PREGÚNTATE por los deberes de quienes te rodean, sean personas o instituciones, y exige su acatamiento sin concesiones, pero reconoce los deberes que tú puedas tener y pon celo suficiente en su oportuno y cabal cumplimiento.

Así, por ejemplo, reclama tu derecho a sufragio —sea en elecciones o en plebiscitos—, pero PREGÚNTATE si acaso no tienes el deber de inscribirte en los registros electorales sin esperar a que una máquina lo haga por ti,

PREGÚNTATE también si una vez inscrito no tienes la obligación de presentarte a votar por alguna de las alternativas en competencia, o en blanco si ninguna de ellas te agradara.


Lo anterior tiene aplicación también en el terreno educacional, puesto que si hay un DERECHO A LA EDUCACIÓN —y claro que lo hay—, una vez que has ejercido ese derecho y conseguido una matrícula, pregúntate cuáles son los deberes que tendrás que cumplir en la condición de estudiante que te ha otorgado el ejercicio exitoso de tal derecho.


PREGÚNTATE también —invito yo a mis alumnos— en qué medida la CALIDAD DE LA EDUCACIÓN que reclamas depende de ti mismo y de tus compañeros, es decir, toma en cuenta lo muy ligada que se encuentra la calidad de la educación con la de los propios estudiantes, o sea, con el esfuerzo de éstos y con el cumplimiento de deberes básicos de asistencia, lectura, ejercicios, aplicación, rigor, estudio y autoexigencia. Porque tener EDUCACIÓN DE CALIDAD no depende sólo de quién la financia, ni de la ausencia de lucro, ni de la idoneidad de los profesores, ni de la infraestructura y equipamiento de los establecimientos, ni de las bibliotecas que tengas a tu alcance, sino de tu propio esfuerzo y del que contigo sean capaces de hacer tus compañeros.

Tratándose de EDUCACIÓN SUPERIOR,        advierte que por algo se llama de ese modo, y que en el caso de la universidad ella se encuentra en el punto más alto y difícil de ese nivel educacional —sobre el de los institutos profesionales y centros de formación técnica—, de manera que no te sorprendas con las elevadas exigencias que es necesario cumplir para formarse en un determinado ámbito del saber y obtener la licenciatura o el título profesional correspondiente.


Ir a la universidad es optar por la exigencia, pero al momento de exigir, piensa cuánto estás dispuesto a exigirte a ti mismo.