Rubén Cárcamo Bourgade

miércoles

YO ME REBELO

¿Me rebelo?
Antes de revelarme en el texto me decía; hay que visibilizar la calaña de oligarquía que padecemos, porque eso le puede dar valor moral a una rebelión.
¿Te has preguntado por qué nadie reacciona ante la oleada de abusos que estamos sufriendo?
¿No te produce náuseas que tras tantas denuncias de corrupción en todos los ámbitos: el Judicial que condena con cursos de ética, Impuestos Internos (Johnson), la superintendencia con multas irrisorias, el empresarial (La Polar, Farmacias, Pollos), el sindical (cohecho), el clerical (pedofilia), el sistema financiero, (Chispas, Cascada),  el político (Penta), robos directos al bolsillo de los trabajadores por parte de los empresarios (345 mil de trabajadores sin el pago de sus imposiciones) Para qué seguir...
¿No te indignan los alardes de impunidad, de los verdaderos ladrones que incluso se atreven - con prepotencia - a decirnos hacia dónde debe ir el destino de la nación? Y más encima dicen que les faltamos el respeto.
¿No te enfurecen las burlas públicas a la Ley con sentencias del tipo; “cursos de ética”? ¿reclusión nocturna? 
¿No te indigna que se victimicen y hablen de un “clima anti-empresarial”?
¿No te da repugnancia, que literalmente te roben el presente y el futuro y cuando pareciera ser el colmo, personas que tú crees inteligentes, comulgan con ruedas de carreta y defienden el sistema?
¿Por qué observamos públicamente la infamia y el descaro, y ello no produce ningún tipo de respuesta en nosotros?
¿Por qué todo el mundo parece estar en otra, como si lo hubieran drogado? 
¿Por qué nos dicen que somos clase "media"? Media embobada será. ¿Y qué es la clase media? Una nube fantasmal de datos donde se camuflan pobres y millonarios; nadie sabe.
¿No te has preguntado por qué no estalla una revolución, si estamos sentados en un barril de pólvora? No existe ciudadano en el país, ninguno, que no sepa de la verdadera putrefacción que impregna al núcleo y la estructura del Sistema.
La máxima respuesta de la ciudadanía ha sido manifestarse en unas marchas donde nadie sabe contar cuántos van. Y se enumeran por exceso o por defecto. No importa. Hay que adicionar información a la información, sumar datos. Inventar esa entelequia que es la “barrera sicológica” de no se sabe qué estupidez ¿Qué tiene que ver mi psiquis con el precio de la bencina? ¿Será porque me llaman "ciudadano de a pie"? ¿Ese al que hay que hablarle con monosílabos para que entienda? ¡Qué desparpajo más insolente!
Hay nula reacción, con la excepción vociferante del frenesí facebukiano. Que viene a ser como más de lo mismo: más información. Cero efectos.
























Se están riendo en nuestras narices. ¿Y qué hacemos? Tomar trincheras. Falsas trincheras de izquierdas o derechas ¡Pero si nos están engañado a todos juntos! El aforismo de Parra; La izquierda y derecha unidas, jamás serán vencidas, es más cierto que nunca, si alguien pudiera entender que  ambas son las dos caras de la misma moneda. Ejemplo: "democracia de los acuerdos" ¡Pero si entre ellos todos son socios privados, familiares, compañeros de vida!
¿Qué utilidad tiene acceder a la información y develar la verdad si no provoca ningún cambio, ninguna alteración, ninguna transformación? Cero efectos.
¿De qué nos sirve saber que los bancos son entidades criminales dedicadas al saqueo masivo si seguimos utilizándolos? 
¿De qué nos sirve saber que la comida está adulterada y contaminada por todo tipo de productos tóxicos, cancerígenos o transgénicos si seguimos comiéndola?

¿De qué nos sirve saber que las AFP nos roban, las ISAPRES nos esquilman, los servicios básicos nos chupan hasta el centavo, si seguimos pagándoles y pasándoles nuestro dinero?
¿De qué nos sirve saber que las fuerzas armadas son los pretorianos de la oligarquía y su sistema?
¿De qué nos sirve saber que las catástrofes ambientales que conocemos,  no son ni un décimo de las que realmente ocurren a diario? Apenas la punta de un iceberg  es lo que vemos.
¿De que nos sirve saber que la derecha esta sobrerrepresentada en el parlamento por el  sistema de elección binominal, si seguimos participando en las elecciones?
¿Cómo nos lavaron el cerebro?

























Para responder debiéramos hacernos una pregunta deslumbrante: 
¿Por qué?
Porque saber la verdad ya no importa y como todos la tienen - su verdad - nadie es dueño de ella. Entonces lo que se hace se administrar la mentira. Inventar atenuantes. Es la trama del viejo cuento que dice así:
Había que hacer un trabajo muy importante, y TODOS estaban seguros de que ALGUIEN lo haría. La verdad es que podría haberlo hecho CUALQUIERA, pero NINGUNO lo quiso hacer. ALGUIEN se enojó cuando se enteró, porque el trabajo era de TODOS. Pero NADIE se dio cuenta que ALGUIEN no lo haría. Al final de cuentas ALGUIEN reprochó a TODOS porque ALGUIEN pudo hacerlo. Pero la realidad es que NADIE lo hizo.
¿Y quién administró la verdad? 
El que maneja la información. Y aunque ella ya no tenga relevancia, se administra al igual que la mentira.
El truco para engañarnos se basa en el exceso de información. En un bombardeo tipo bombas de racimo, de estímulos tan exagerados que terminan provocando un aturdimiento que desemboca en una falta de respuesta total. Estupefacción que le dicen. Pura apatía por la dosis de exceso.
Nos han transformado en el objeto de sus vicios, en una masa abotagada no pensante de borregos teñidos de un color y otro para que nos peleemos y creamos defender lo que son falsas verdades o ideas. Ninguna idea es nuestra. Sépanlo.
Nos han implantado un mecanismo que desactiva nuestra respuesta aunque la verdad nos sea restregada en la cara.
Los gravísimos conflictos éticos son disfrazados con eufemismos. 
¿Acaso los “aportes reservados” no es cohecho? 
¿La "apropiación indebida"  no es un robo? 
¿La "colusión" no es una estafa? 
¡Un hoyo en una calzada es “un evento”! 
¡Mentir es un error un involuntario!
Se está difuminando el VERbo, se está perdiendo el sentido la VERdad. 
Para entender que se nos sirve un café preguntamos:
- ¿Es café café? ¿Con azúcar, azúcar?
El otrora macizo significado de las palabras y sobretodo del verbo, se ha evaporado; ¿Por qué?
Porque en un solo día, una persona es sometida a millones de estímulos lingüísticos. Algunos de ellos son percibidos conscientemente, pero la inmensidad del número de estímulos, como una oleada masiva de espermatozoides sobre la cabeza de un alfiler, no logran ser procesados por nuestro cerebro. El cual sospecha, a veces, que la información no tiene sustancia, verbo, pero no alcanza a digerirlo. Babeamos.
Estamos idiotizados o somos víctimas de una conspiración mundial. Si te das cuenta, a los poderosos no les importa mostrarse tal como son, ni que descubran sus secretos. Revelarlos contribuye a aumentar el volumen de información con el que somos bombardeados. Total ella será intoxicada con otro volumen de información.
Nunca antes en la historia de la Humanidad existió tal nivel de información. El nivel de información al que está sometido nuestro cerebro en la actualidad, en comparación con el de nuestros abuelos, es apabullante. Ve lo que te rodea; la televisión, la radio, la música, la publicidad, las señales de tráfico, las personas, la información en tu móvil, en la tablet, en Internet y además, tus compromisos sociales, familiares, tus facturas, tus preocupaciones, tu salud, tu previsión, tu línea de crédito ¡tus deudas! y los deseos que te han programado tener; todo ello y lo que representan. Cada uno de ellos es una serie de códigos lingüísticos para tu cerebro: es un sinfín de información. Y nuestro cerebro no ha cambiado de tamaño.
Y cuando debemos valorar la información recibida, o sea, cuando debemos juzgar y analizar sus implicaciones, nos topamos con nuestras limitaciones. Porque, literalmente: NO TENEMOS TIEMPO para valorizar en profundidad la información.
Antes que nuestra mente pueda - a su criterio - analizar en forma más o menos profunda la información que recibimos, somos bombardeados por un nuevo diluvio de estímulos que arrastran nuestra mente por el aluvión incesante de información que entra en nuestro cerebro como un torrente cuya velocidad es el olvido, pues no disponemos de tiempo material para hacer una valoración profunda de esa información recibida, la que es rápidamente digerida y olvidada. (Me parece haber escuchado, leído,  algo de esto)
Entonces entran en juego las emociones y los sentimientos,  que confundimos con nuestro análisis de la razón, como motor de nuestras conclusiones. De allí que nuestras respuestas y acciones sean viscerales. Casi emoticones. Una verdadera droga.
Cada vez nos cuesta más leer un artículo largo cargado de información estructurada y razonada. Exigimos que sea resumido, como en la propaganda.
...
En verdad, si ya has llegado a esta extensión de lectura, perteneces a otra especie. Porque casi todos odiamos la incertidumbre - siempre ancha - de una lectura que nos obliga a pensar. No queremos hacernos preguntas. Queremos respuestas breves, fáciles. Y seguir. ¿A dónde?
Porque vivimos la cultura del “twitt”,  donde toda reflexión sobre un evento dura 140 caracteres. A esa profundidad llega nuestra capacidad de análisis. No podemos hacer una valoración profunda de los hechos.
Es decir, los emisores de la información nos ahorran, amablemente, la posibilidad de análisis. Es invivible estar inmerso en el mundo de las comunicaciones porque allí – me refiero a los que la digieren - nadie reflexiona. Ese es el procedimiento que utilizan los grandes medios de comunicación. Y nos metamorfosean en individuos solitarios disipando el Ser Comunidad.
En un mundo con individuos auténticamente pensantes, diríamos que esto es manipulación o lavado de cerebro, pero como abotagados estamos, no dilucidamos la realidad.
Fíjate; todas las noticias - de todas las cadenas - están narradas de forma tendenciosa, de tal manera que en su redactado contienen no solo la información que debe ser transmitida, sino también la opinión que debes generar como receptor.
La desfachatez llega a tal extremo que tenemos “generadores de opinión”; ¡líderes! Es decir, su función es generar la opinión que nosotros deberíamos fabricar con nuestro criterio.  Nos hacen pensar en titulares, en pedacitos de realidades para que emitamos “nuestro juicio” breve y superficial sobre una información recibida. Si te das cuenta, sea cual sea el juicio que emitamos, ya viene inoculado con tu opinion digerida por la información que recibiste.
Ya lo dice la UDI: “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuando más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su compresión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.” (Jóvenes de la Fundación Jaime Guzmán). 
Saber la verdad ya no importa. La información no tiene relevancia. La democracia tampoco. Los valores que creemos correctos tienen mucho de mentira, mucho de fachada, mucho de lo que nos gustaría ser. Mentir es nuestro sistema de vida. Entonces la verdad ya no importa. Lo que importa es administrar la mentira.
Una respuesta al momento histórico que vivimos y que debiera ser contundente, no será generada con una rebelión en masa, porque no tenemos energía, valor, ni voluntad. Estamos frustrados y apocados, dóciles y sumisos. Porque el mecanismo sicológico inoculado por el sistema nos ha trasformado en adictos a la información ¿Acaso crees que los noticiarios de 24 horas, (TVN, CNN), son para aproximarte a la verdad? 
Pronostico que el sistema nos creará el Partido de la Revolución Permanente, "Evolucionaremos" de ciudadanos a revolucionarios institucionales, como lo hicieron los mexicanos y nos adormecerán una vez más en un narco estado o en un estado fallido como ha dicho Mujica. A menos que decidamos desinstalar el sistema que nos han inoculado en el cerebro.

O terminaremos repitiendo como zombies:  ... Yo me rebelo ... y así mataremos el sentido de la palabra revolución; nacer de nuevo.

Por último; ¿No te parece que es el momento de hacer, que no pedir,  una nueva constitución?