Rubén Cárcamo Bourgade

sábado

5.- More Tea Vicar

- Rubén. Yo creo que tienes que dedicarte a escribir. Pero en serio.- ¿Y por qué te escribes tanto con el Cucho?
- Porque Cucho cacha. Tiene onda y es buena compañía. Ya se le pasará.
Sonia me abraza con un beso sobre mi hombro izquierdo al verme lavar con tanto ahínco un plato azul pegoteado con masa de chocolate. La conmuevo intensamente con mi aseo.
- Pero Sonita. . . Nótese que trato de ponerme dulce, ya que me ha hecho unos comentarios que me llenan la vanidad. ¡Eso es porque se va en la volada! Y porque escribe. ¿No te das cuenta que es el más joven de todos nosotros y nos va a sobrevivir. Seguro que a él le va ha tocar decir el discurso fúnebre cuando me muera.
La carcajada de Sonia pasó a la velocidad de la luz, todavía se escucha por alto parlante. Aunque éste estaba saturado con la música de radio Oasis.
- Monín; date cuenta que las mujeres somos las que enterramos a todos ustedes. Deberías pensar en la Walkiria o en la Erna o en mí. Estás apostando mal. Creo que el Cucho se va a ir de espaldas con tamaña responsabilidad y lo más probable es que termine anegado en lágrimas, con hipos y peditos en la ceremonia fúnebre.
- Piénsalo más detenidamente Sonia; porque él, al fin y al cabo, es el que está más distante de morir. Si todavía no cumple los cincuenta.
- ¿Y qué pasó con tus sobrinas para las cuales dejaste un poema de despedida en el que haces mención a una tal Rosario?
- Sonia... Aquí bajé un poco el tono de la voz y al mismo tiempo quise hacerme el cariñoso, como con indulgencia pedagógica ya que estábamos derivando a un tema no pensado deliberadamente para este texto.
La Rosario es una palabra que pueda armonizar con el armario. Porque si me empiezas a preguntar por las palabras que uso en mis escritos podríamos tener una muy larga discusión. Tú sabes que en casa no tenemos un armario y por lo tanto malamente podríamos buscar esa foto de Rosario que “tengo en el armario”. El armario no existe por lo tanto tampoco la Rosario.
- De todas maneras me dan ganas de ir a revisar el ropero con espejo y parecido a un armario. No vaya a ser cosa que allí encuentre la foto de Rosario “la que guardas en el espejo del armario”. Cambiemos de tema, porque ya sé lo que vas a decir: Estás creyendo que el autor de un texto es el origen de su significado.
No me atrevo a mirarla porque debe tener algunos milímetros de ira en sus pupilas y como soy de formación católica, la miraré con inocente culpa. Este par de palabras es un caramelito metafísico para explicar por qué me siento culpable de pecado a pesar de mi absoluta inocencia. Qué intenso es el lavado de cerebro que hace el catequismo.
- ¿Estás escuchando? Están tocando “Otra tacita de té” o More Tea Vicar el tema de Yes con Patrick Moraz, nuestra canción. La que Aitel nos ordenó solicitarla a la radio para saber quién es el autor. Pero creo que es mejor que esté allí en el dial y surja de pronto en forma imprevista. Que esté orbitando en el tiempo. Como ahora. Y nos sorprenda en este bello día de invierno en que no hemos salido de nuestra órbita. Me salve por un pelo gracias a la música...!

- ¿Escuchaste la noticia?
TOKIO.-  Un japonés se llevó la sorpresa de su vida; una mujer que vivía en el armario de su casa.
El soltero de 57 años, había decidido instalar una cámara de seguridad en su casa, para descubrir el motivo de la desaparición de la comida. Cuando revisó las imágenes vio a una mujer que se paseaba desnuda por su domicilio en su ausencia.
- Registramos la vivienda y descubrimos a la mujer instalada en un armario - explicó la policía.
La mujer, Tatsuko Horikawa de 42 años, vivía escondida en la parte superior del armario, lo suficientemente grande para albergar a una persona acostada, donde había instalado un colchón y varias botellas de agua.
La mujer explicó a los investigadores que no tenía dónde vivir. Y vivió allí durante un año, aunque no todo el tiempo.  Se sospecha que pudo haber instalado escondrijos en los armarios de otras viviendas del barrio.
- ¿Viste que no siempre invento?