Rubén Cárcamo Bourgade

miércoles

EL MONUMENTO A HERNANDO DE MAGALLANES



¡ Cuántas veces hemos visto esta postal ! ¿Y qué hemos reflexionado sobre ella?

El 16 de diciembre de 1920 se erigió la espléndida estatua del escultor chileno Guillermo Córdova Maza, representando al conquistador portugués parado sobre un cañón o bauprés, con fondo de limpias nubes oteando el horizonte. 

Abajo, en el basamento, las figuras de un selk’nam y un aónikenk con el gris respaldo del granito. Sentados e impávidos. A uno de ellos le brilla el pie, por el diluvio de caricias que ha recibido.

Bronce argentino y piedra chilena para exaltar la conquista de un portugués por deseo de un asturiano; José Menéndez.

Asistió a la inauguración del conjunto escultórico, un tenso cordón policial alrededor de una masa puntarenense recién herida por el asalto e incendio de la sede de Federación de Obrera de Magallanes por militares y carabineros donde murieron carbonizados 30 obreros. 

También vino un representante de la corona española, seguramente un infante, que paradójicamente no llegó por el Estrecho de Magallanes sino por el Canal de Panamá, evidenciando el declive de la ruta magallánica para unir los océanos



En el basamento hubo una placa de bronce que fue cambiada, pero la original decía:

A Hernando de Magallanes, José Menéndez


Así fue el alarde de poder, de tú a tú; entre iguales. Porque la riqueza permite ingresar a los libros de la historia. Soberbios y pedantes que lograron borrar de las páginas de la historia a los primeros colonos de Magallanes; desamparados soldados del ejército chileno, exiliados, emigrantes de Chiloé, inmigrantes europeos, agricultores suizos, franceses deportados de la Comuna de París, mineros croatas que huyeron de la invasión austríaca. Cuánto ofendemos a los croatas cuando en sordina les decíamos: ¡austríacos!

La historia oficial retiene a aquellos que amasan fortuna y se convierten en poderosos magnates pero la verdadera historia es el tejido frágil de las vidas, de invisibles exterminios y de los comunes olvidados como nosotros que permitimos la perpetuidad de todo monumento.