Rubén Cárcamo Bourgade

viernes

EL QUE VAGA Y SE ALEJA...Mall de Castro.


En el idioma hebreo,  abarra significa  lo que se pasó de malo
Es similar al verbo aberrar (Ab = separación del exterior de un límite y Errare = errar, vagar) que  significa; el que vaga y se aleja.  

Hoy podríamos usar simplemente otra expresión que significa lo mismo;  Mall de Castro, a pesar que ese engendro dejó de vagar en la mente de iluminados empresarios y fue expelido como un acromegálico mojón de Gullivier  en pleno centro de la ciudad, en su punto más alto,  para que se note la monumentalidad del despropósito, por quien eyecta, que no proyecta,  el más soez de los adefesios,  que no edificios y al lado, ni más ni menos, de la catedral de Castro.

El Mal de Castro, es un bautizo para cuando la criatura ya está en pie, olvidando que el origen de ese engendro, está en la médula del espíritu nacional desde los años 80 y la cultura que se nos implantó desde aquel entonces.

Desmenucemos los orígenes del monstruoso hijo del desvarío.
Como no recuerdo mal, sino que muy bien, mi primera aberración conocida fue una iglesia mormona ejecutada en pleno Cerro Concepción de Valparaíso. Estupor e incredulidad fue presenciar ese extraterrestre con amplios antejardines implantado en calle porteña de fachada continua y calamina. Los porteños ya están narcotizados por lo cual una vez aplicada la forma que  aletarga,  es fácil continuar con otros desaciertos de similares perfiles y cualquier cosa análoga pasa por el supuesto ojo avizor con mucha facilidad.

Los mormones, que no tienen culpa alguna,  no diseñan sus iglesias al modo local sino que la importan y aplican lisa y llanamente como un timbre. Y ese timbre cae donde creen necesario,  a vista y paciencia de cualquier organismo, llámese Dirección de Urbanismo, Dirección de Arquitectura, Dirección de Obras, Comité Patrimonial, Colegio de Arquitectos, la cacha de la espada, vidrio molido, papel picado…  chaya y que siga la paya.

Uso una manoseada expresión: “digamos las cosas como son” ¿Dónde están los guardianes de nuestro patrimonio si no es en la ética profesional de los arquitectos? La he visto aplicada en los negocios más brutales a costo de perder algo más que los encargos,  como por ejemplo la intervención de mi amigo Manuel Gaete,  que sumó voces - oportunamente - para modificar el trazado de la Costanera del Lago Villarica. Recibió descalificaciones tan brutales como:
Los opositores no son más de diez personas”… como si no representaran a nadie.
Tienen tiempo y dinero de sobra”… como si no se creyera que existe el altruismo.
Los que se oponen no son de Villarrica”… como si Villarrica fuera un feudo privado, una entelequia para soñadores o una patria distinta. Pero se anticipó Manuel. Contra viento y marea se sumo a cientos de voces oportunas que lograron hacer las modificaciones necesarias. No todas,  pero peor es nada. Esa manía que tiene el ser humano de querer “dominar” la naturaleza y hacer lo que se le plazca, tuvo en la gestión de Manuel y de los suyos,  un párele.

Lo de Castro pareciera ya un hecho consumado. Vieja táctica para la cual se sueña un nombre apropiado para la constructora hechora del disparate;  como su nombre lo indica, la Constructora PASMAR, pasma, deja con la boca abierta, deja helado, pasmado, entumecido, abobado, atontado, dormido, embaucado... para qué sigo,  si esto es un pelmazo hasta el infinito.

He colaborado en la construcción de dos mall y al menos cuatro o cinco supermercados. Estos últimos surgen apartados de los centros urbanos, están junto a autopistas o vías de fácil acceso, para lo cual se hacen los estudios de impacto vial correspondientes y en áreas sin relevancia significativa y son siempre horribles.

Un mall inmerso en un área notable,  requiere algunos cuidados mínimos. Me voy a referir a un mall; El Mall del Centro de Ripley, adosado a la iglesia de Santo Domingo de Santiago de Chile entre calle Puente,  Rosas y 21 de Mayo. En él se respetó la fachada  Art Decó del edificio original y casa de reposo del viejo arzobispado. Se respetó el color, la escala. Técnica y económicamente no reviste mayores complejidades ni costos exorbitantes. Todo bien. Tampoco vamos a decir que es una maravilla, no sé si aprueba, pero al menos no ofende.


La segunda aberración que conocí, fue la tienda Ripley de Valparaíso. Se demolió la fachada del hermoso Cine Valparaíso también de estilo Art Decó. Las figuras del mural que representaban la historia de la humanidad en secuencias, de María Antonieta bajándose de un carruaje, un tren que parecía salir del muro, el Zeppelin, una banda de Jazz,  fueron  arrasados, no por la música de Pompa y Circunstancia que acompañaba el cierre de cada función,  sino por el atronador martinete neumático de los demoledores. 
Se implantó frente a la Plaza Victoria una fachada de muro cortina con el agravante que la oficina de arquitectos del encargo Mall del Centro y la Tienda Ripley de Valparaíso, es la misma para un mismo cliente. 


¿Por qué ese respeto en Santiago y no el mismo respeto en Valparaíso ciudad Patrimonio de la Humanidad?

 Porque en Santiago la Dirección de Obras cuestionó el proyecto inserto en SU casco histórico... y en Valparaíso la misma entidad se acomplejó, se declaró incompetente. Se chingó. Hizo vista gorda.

Y la tercera aberración - que es un paréntesis -  la voy a confesar ahora porque los implicados ya están todos jubilados y necesito desmentir "La Memoria Chilena": http://www.memoriachilena.cl/temas/dest.asp?id=musicavalpoteatro
El Teatro Victoria, por el cual  tantas lágrimas han derramado lo nostálgicos de El Puerto, fue demolido para construir el esperpento que hoy mal disfrutan los porteños, con la excusa del terremoto de 1985. Ese teatro no tenía daños estructurales. Pero el decreto municipal ordenó su demolición para permitir la llegada de la “modernidad” al puerto.

Volvamos a Castro. 
Cómo es posible que un alcalde no Pare, ni Mire ni Escuche al estamento de una comunidad profesional, para asesorarse y juntar las inteligencias, en una acción corporativa del prontuario del saber racional. ¿Quiénes lo han elegido? ¿Acaso son personajes expelidos de algún programa farandulero?

Cómo es posible que su respuesta sea,  y cito:  “este es un problema de Castro y no del resto del país” refiriéndose a un área patrimonial. ¿Qué se cree? ¿Qué educación tiene? ¿Qué cultura posee? ¿Cuáles son sus sueños para un país mejor, aparte de ser reelecto, por supuesto.

Cómo es posible que un alcalde crea que para resolver sus problemas y promover el desarrollo de una comunidad tan particular,  como lo es Castro, aplique la premisa de la sociedad de consumo y de la economía de mercado.

Cómo puede creer convencidamente, que su  Ilustrísima Alcaldía es una empresa como cualquier otra y que su gestión debe  ser encajada en la camisa de fuerza de la libre competencia y el autofinanciamiento.

Entonces, el que vaga y se aleja de lo correcto, de lo civil, de lo urbano,  es  -  primero - el quehacer de los arquitectos que han banalizado su responsabilidad,  el de las instituciones que ha devaluado la cultura   y el de las autoridades que han mercantilizado su ejercicio,  porque la voracidad del capital no tiene límites, nación, ni ley y si fallamos todos en la denuncia oportuna,  heredaremos a nuestros hijos  un país en el cual ninguno de nosotros quisiera vivir.

Santiago de Chile, 2 de Marzo 2012.
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De Cristian Warken.
Ya es tarde para que una legislación a la altura de nuestra geografía, pare la afrenta de la hidroeléctrica. 
Ya es tarde para impedir que se destruya, incendie, saquee el poco patrimonio urbano que nos va quedando. 
Es tarde, porque al estar lo público, el “servicio público”, en ruinas, es fácil que las ratas y las termitas se desaten a devorar los restos de las grandes construcciones.
El “todos”, el “nosotros”, han desaparecido como una entelequia romántica y, al debilitarse las barreras de contención de la desmesura y la avidez, el gran Monstruo de la Usura y la ganancia fácil anda suelto por las calles y los bosques de Chile, devorándolo y devastándolo todo.
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