Rubén Cárcamo Bourgade

sábado

26.- TU PADRE SE HA DORMIDO...traele una manta...

Querido Lolo. Definitivamente eres el más nene de nosotros. No cometeré el error de enviar las fotos que se perpetraron en el Ai trufus porque recibí reclamos con gran vociferación.
Alcancé a mandar dos de los ai trufianos; una en blanco y negro al Pájaro y al Plinio en la cual estás todavía con hoyuelos en los cachetes de la cara, junto a Vitucho, Pájaro Montiglia, Plinio, Julio, Ernesto Calderón, Francisco Montaner. Espero que me lo agradezcan si es que no la tienen. Es una foto espectacular porque ella huele a mucha leche y a quesillo.
Definitivamente, si tu cuento va por lo cierto,... había que ser profanadora de cuna para mirar con otros ojos a esos imberbes estudiantes universitarios.


Mandé otra de las nuestras fotos al Edwards Rojas y al Manolo Gaete.
Pero hablemos de la foto general del 2004 que el agua bajo el puente ha corrido turbulenta, pero aquí nos mantenemos. Certeros, calurosos.
Nos reunimos los reunibles. Pelamos a los pelables y sufrimos lo indecible con los ausentes.
La salud de todos está perfecta y consistente, sino cómo se explica tanto diente a diente y tronadera de las tripas Y están mejor aún aquellas mucosas pantagruélicas empapadas en libaciones de néctares escogidos, según lo han confirmado tanto hígado selecto que alguna vez creí senectos.
¿Viste a Ricardo Caballero ya sin rulos con ojos igual de azules murmurando... estamos cagados... nos divorciamos... Ojalá que no se pierda y lo que le duela se vaya a la misma rima.
¿A Vitucho bendiciendo a la Walkiria quien ha reconocido que ya no es la cuica momia facistoide ¿Qué me dices? ¿No te oigo? ¡HA!. Está reformada dice. La verdad no tenía para qué hacerlo, es que está mucho mejor como señora y sus chiste los disfruto a concho.
A Jorge Abarca discutiendo que nada está cambiado, que ya no lo soporta. No sé porqué volví de Italia. ¿Lo viste? Creo que Jorge es un beato, pero de la beatería comunista.
Al Jorge lo retaron todos por pelearse con el Ismael HACE ALGUNOS AÑOS. Pero yo les dije ¿para qué?; si a Jorge le pedí que invitara a Ismael Arias. Cosa que cumplió. No hay ni una sola herida entre ellos y si las hubo se olvidaron hace rato. Al final casi nos enojamos entre todos creyendo que aún ellos estaban enojados... Se había acabado el guisque y los cigarros. ¿Viste?
El que más se reía con el entuerto era el Jorge. Te lo perdiste.
¿Pero viste a Ismael Arias sonriente informando de su próstata benigna, de sus glándulas y de las bondades de ser un contratista a pesar de los problemas con la gota?
¿Te viste a ti mismo mirando sonriente sobre tus gafas sin marcos posibles, que son los mismos que guardo para ocasiones especiales; apenas suspensor del cristal es la nasal y a mitad del horizonte corresponde una mirada intelectual. Hay urgencias en el más nene de los nuestros. ¡Que daría por tener tu edad!
¡Para que salir tan apurado por la calle Diego de Almagro! No caí en la cuenta hasta pasada ya toda la noche. Lamento informarte que tu secreto ya no es tal y se comenta aunque desta boca no salió palabra ni siquiera cuando se conversó dicha materia; me di allí, recién por enterado. Que descueve. Tus compañeros te quieren mucho Cucho. Te sorprendería. Así es que tendrás que soportarnos. Son peor que los hermanos, los dolientes, cojos, o devotos…de lo peor.


¿Viste a Thieleman durmiendo mientras se lo lleva la corriente siendo atacado por los besos de la ninfas con sombreros sin percibir tanta gónada que rebosa casi al atardecer cuando ya casi no sirven para nada?

¿A Fernando Albert con sus ojos durmientes amando sin decir es mía. Cada día más, parece un padre de nosotros? Va para severo
Eran doce los reunidos. Los apóstoles. Uno más y mala suerte.
Pepe Ochoa hizo amago de venir pero calló.
Juan Luis se hizo el sordo, pero ya me contacté con él, me habla. Es como mucho...me envía cartas llenas de puntos suspensivos ¿Será porque toma mucho aire?
A Hernán nadie lo vio. Y del Chico Arenas se me perdió la dirección. ¡Y qué decir de Julio!
Nadie sabe nada de Marito...
Se disculpó José Soto Pacheco desde el otoño de Victoria y nos mandó un saludo que era cálido y dulzón como el navegado que nos tomamos ya a las doce; los que aún sobrevivían. Fue la mejor parte al calor de la estufa ¿Por qué no te quedaste? No. Si ya sé.
El navegado que nos preparó mi hija Tamara; con naranjas, clavitos de olor azúcar y canela mostró a ciencia cierta que la estirpe prevalece consistente, incluso indemne; continuará la tradición.
Nos mandó una foto Manolo Gaete con la V de la victoria, ya que adjuntó una foto de la estación de Kioto con su Percy y con su Iglesis quien parece que es un importante.
Tú sabes que yo nada sé de arquitectura. Dijo que se lo tomaría todo por nosotros. Esta foto se la mostré a Vitucho pero a ti; no sé.
En la foto esa se ven todos muy canosos y muy ansiosos disfrazados de turistas.
El Pájaro que se despluma diciendo que está de cumpleaños y viene su familia a La Serena. Pero igual imprime un beso para todos empinando el codo por nosotros. Le respondí con foto.
Se lamentó de su inasistencia Andrea María Ruiz por cuidar a nuestro Hugo con gripe que se muere, y al cuidado de su madre que cumplirá casi 90 en uno de estos días. Ella sigue austera incluso en sus afectos. También le mandé una foto. Para que en la próxima no se me reste recitando mi verso de American Woman. (Es un recuerdo del 71).
Presentó excusas muy corteses José Ruiz. Pero que absurdo que me inquiete. ¿No seré?
Monseñor Vitucho ya me bendijo porque en una tarde oscura me cruce en su camino mientras iba con su señora hacia el Hospital Militar. Escucho ruido de helicópteros pero es el tema The Wall de Pink Floyd. Dice que le salvé la vida. Son misterios que ni me atrevo a preguntar, Así será. A lo mejor soy un santito como fray Andresito. La verdad es que no sé cómo me vio Vitucho aquella noche cuando yo caminaba escondido bajo un jockey y él estaba bajo una luz incandescente deslumbrado adentro en la farmacia fluorescente de una luminaria 40 watt 2 x 40. Fue un encuentro caluroso, respetuoso, circunspecto; habida cuenta de la compañía.
Quería seguir caminando con ellos hasta que ese inicio de tinieblas fuera aclarándose de rosados y piares entre las penumbras de las hojas pero ambos caminaban con mucha pena.
Vitucho cada día más gentil y bondadoso. Ya sé de sus hijos, de la Pía. Cosa que me alegra con profusión. Y fue un tremendo acierto que viniera. Lamentándome no poder conversar con menos prisa porque estaba preocupado de las servilletas.
Me dice que no recuerda sus fotos de desnudas. ¡Qué envidia en esos días! ¿Tú te acuerdas? Veo que le afectan la memoria.... los desnudos.
Jorge Kornbluth se comió todo, bebió todo, conversó de todo, peló a todos, se disculpó de todos, se curó por todo y se quedó dormido como siempre. Grande e invariable.
A Erna Graindorge le temblaban las manos deseosa, tierna, acogedora, casi maternal con tanto herido. Es la que más ama a los vencidos. Y nunca falla a nuestro pedido. No lo olvides, es muy bueno contar con su concurso fiel y persistente a toda prueba.


Y Sonia, la que ha sido mi mujer, tú la conoces, está más perfecta, será que estoy apagando cuantiosas velas y la cubren tantas devociones que al fin se convirtió en la virgencita amarrada en un trapito que encontré.
Entre cada párpado ni diviso a las mareas que me cubren más arriba de la coronilla que se arranca con propios parpadeos. Concluimos tomados de la mano, sujetándonos. Eso fue antes del navegado.
Y como corresponde, me manché la camisa para la ocasión. Son heridas deseosas producidas en batalla plena que muy gustosos nos van vanagloriando.
Lo mejor: Rezamos todos juntos por Francisco Montaner y por Juan Sinn.
Hubo un silencio que ya te lo quisieras para un prócer de la patria.
Estuvo a cargo de la Erna verter algunas lágrimas. Yo me atraganté con un trozo de papas mayo.
En fin, fuimos intensamente felices. Cosa que es muy difícil.
Podrás ver que sigo voyerista y radiante sacando la foto y que por eso no salgo en ni una.
Y hasta aquí no más te escribo porque debo hacer un resumen de los gastos.
Un abrazo consistente, denso, macizo, acompañado de un gesto tan fraterno y formidable como un beso.
Me salió buena esta última frase. La voy a repetir en otra carta.
Amigo; te va un libro dedicado junto a Juan Luis. Casi lo olvido. ¡Tremenda carta!
¡He aquí el universo!