Rubén Cárcamo Bourgade

jueves

CARLOS MARTINEZ CORBELLA, un tributo de Carlos Verdugo Cerna del Instituto de Filosofía – Facultad de Humanidades (AFA UV)

Creo que el mejor tributo que le puedo hacer a Carlos Martínez Corbella, es citar algunos párrafos de su último libro; 
Las tribulaciones de un universitario en la universidad.
1. Las universidades chilenas:
“Pensando en las universidades chilenas en general, en mi visión de este grave problema nacional, veo claramente, desde los pingüinos en el año 2006, que estamos o se ha iniciado una Gran Batalla de ideas entre aquellos que defienden o aceptan a la Universidad del sistema socio-económico que nos rige y aquellos que podríamos llamar “universitarios por un cambio profundo en las aulas”, universitarios de diversas personalidades, políticamente hablando, donde encontramos a cristianos, masones, ateos, libre pensadores, etc., todos unidos por esa gran modificación que consideran indispensable para que en un democrático, humano y ético cambio de ideas,  se entreguen diversas luces que permitan encontrar y formular procesos reales – no simples discursos – que mejoren los graves problemas de nuestro medio socio-económico en que vivimos..”

2. La Universidad de Valparaíso:
“He pasado la mayor parte – casi siempre – de mi segunda estadía en Chile (1992 – hoy) en la Universidad de Valparaíso. Los problemas allí me han parecido pocos universitarios, por la actitud que algunos de mis directivos y de mis colegas que representa, a mi juicio una forma de actuar basada en los valores que implantó la dictadura durante sus 17 años de poder absoluto y que los 4 gobiernos post dictadura no han cambiado: autoritarismo, falta de diálogo o discusión colectiva, una democracia universitaria que es poco democrática, una discriminación general con los estudiantes y los funcionarios no académicos y a veces (es mi caso) ¡ con algunos académicos!”

3. El futuro:
“El mundo parece que está loco… Estimo que el único camino, en Chile y en el mundo, es la lucha de los cuerdos contra esta locura desenfrenada, el fortalecimiento ético y moral, y para lo cual, como lo hemos dicho, son necesarias modificaciones fundamentales en las sociedades las que requieren una Nueva Revolución Social para el siglo XXI.”

4. Su mensaje final:
“Como mensaje final, quiero rogarle al lector,  que vuelva al texto de Eduardo Galeano, al comienzo del libro, como epígrafe, que resume en pocas líneas lo que ha pasado con mi conducta universitaria, cuyo testimonio sintético ahora entrego en un signo más de esperanza que en el espíritu realmente académico.”

“Son cosas chiquititas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Ali Baba. Pero quizás desencadenan la alegría de hacer y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo,  actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable”.

Finalmente quisiera decir que Carlos Martínez Corbella fue uno de los hombres que ejemplifican indiscutiblemente la expresión famosa de Brecht:

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay otros que luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quienes luchan toda la vida, esos son imprescindibles”.
(Carlos Verdugo Cerna)

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OTROS EXTRACTOS DEL LIBRO DEL PROFESOR CARLOS MARTINEZ CORBELLA
“Las Tribulaciones de un universitario en la Universidad” (Valparaíso, 2010)


Trato universitario: “En el caso del que escribe, y de muchos otros, perteneciendo a todos los estamentos y a todas las visiones políticas, religiosas o simplemente académicas, se les ha tratado en forma equivocada, politiquera y universitariamente en el entendido que son el mal al interior de las aulas: ayer en el último decenio del siglo pasado, y hoy en el primer decenio de este siglo se vive sin un verdadero diálogo de ideas, en una lucha de fuerzas, de votos, de zancadillas, de autoritarismos y otros problemas similares.” (Pág. 8)

Dogmatismo: “Para qué hablar de la docencia en que no hay – o es muy escasa - la investigación científica y los buenos escritos, donde no hay pluralismo y existe un dogmatismo profesionalista de muy corto alcance, propio de escuelas técnicas y no de universidades”. (Pág.14)

Por publicar: “Pero en Chile también me sentí como un pollo en corral ajeno, pese a que era chileno, a que hablaba castellano, a que había hecho una parte importante de mi carrera allí mismo, en esa misma escuela a la que había pertenecido, había alcanzado altos puestos universitarios….nada….era un recién llegado, de malas costumbres, y claro, mis experiencias de la primera estadía chilena y mis experiencias francesas no correspondían a las ideas dominantes en esa facultad y en esos años en que no se aceptaban esas ideas.
Mientras no hice cosas no me molestaron. Apenas salieron mis dos primeros libros, apenas aparecí haciendo investigaciones, apenas abrí la boca ¡ah! Entonces comenzaron mis tribulaciones universitarias y fui considerado un profesor peligroso”. (Págs. 15-16)

Despido: “Así trabajamos todo ese año y, con bastante antelación, el director de la escuela nos citó para dos días de reunión en el mes de Enero del 95 a todos los docentes de los cursos del Taller de Arquitectura, insistiendo en que entregáramos por escrito nuestros pensamientos pedagógicos sobre tal responsabilidad. Terminado el Taller Central de ese año nos reunimos dos días pero ¡cuál no sería nuestra sorpresa! Éramos los únicos que habíamos entregado nuestro pensamiento por escrito en lo que era ese segundo encuentro de profesores del curso de taller. ¡Los únicos! Ni media página el resto. Dialogamos los dos días y al final del segundo alguien (no recuerdo quién), le preguntó al director sobre qué es lo que tenía programado para taller ese nuevo año académico que comenzaría en Marzo del 95. El director sacó un papel y leyó los talleres de 1º a 5º año. No mencionó al Taller Martínez. Suponiendo que había una omisión, levanté el dedo y le hice notar este hecho. –No hay ninguna omisión, exclamó, es lo que yo pienso. Levantamos Benavides y yo la cabeza y miramos a la concurrencia (todos los profesores de taller) esperando alguna reacción, alguna protesta ¡ninguna!. El director observó:

-Es sólo mi opinión. El Consejo de Escuela debe resolver.

Enseguida conté los miembros del Consejo de Escuela que estaban allí y constaté que sumaban, con el director, la mayoría de ese consejo. Entonces en voz baja, le acoté a Benavides que estaba sentado a mi lado:

 - Sergio, estos huevones nos echaron del taller.

Sin duda era un complot urdido antes, quizás días antes de este segundo encuentro. ¿Con quién? No lo sé, pero me lo imagino”. (Págs. 32 -33)

Ética: “Sin duda la actitud era reglamentaria, pero manifiestamente no era ética ni moral. El director de una escuela podía cambiar de curso a uno de sus profesores. Pero lo justo habría sido el diálogo con los profesores afectados y sobre todo con los estudiantes del curso: nada de eso se hizo.” (Pág.34)

Respeto: “Estaba más que furioso, me preocupaba por lo que estaba pasando: decisión personal y autoritaria de un director, medidas contra quienes pensaban diferente, ausencia absoluta de diálogo con profesores y estudiantes, golpes muy bajos, por sorpresa y sin la menor conversación previa, sin siquiera avisar, actitud cómplice y pasiva del resto de los académicos del taller, complots en lugar de solidaridad…
¿Dónde quedaban la democracia universitaria, la libertad y el pluralismo, el respeto académico frente a todos los docentes y a todos los estudiantes, la justa evaluación de las historias de profesores y alumnos? ¿En nuestra facultad eso no existía? ¿A ese grado de infracción y de corrupción habíamos llegado?” (Pág, 35)

Frustración: “Estaba cansado de luchar universitariamente solo, sin éxito, en un sistema no universitario que la mayoría aceptaba complacido, sin reaccionar y frente al cual, si se cometían actos reñidos con los principios éticos en las aulas nadie protestaba; todo ello con una apatía inexplicable para un universitario como yo, formado en una universidad dialogante y crítica como estimo que debe ser la institución.” (Pág. 41)

Culpables: “Culpo a la política universitaria de los gobiernos posteriores a la dictadura que, por razones políticas, han mantenido una organización y valores ideológicos que tienen a la educación y a las universidades en una situación deplorable que permite estas discriminaciones aberrantes, producto de decisiones personalísimas que muy pocos osan denunciar, lo que ha permitido situaciones profundamente poco éticas que han sido las causas de mis tribulaciones, que no son otra cosa que enfrentamientos con personas y grupos que se han aprovechado de esta política universitaria que permite poder, dinero y abusos que se han reflejado muy claramente en la crisis general de la Universidad de Valparaíso (…….)... reproduce muy claramente lo que ha permitido y se permite hoy en las universidades: que el académico o los grupos de académicos que tienen el poder, rechacen, expulsen, o si no lo pueden hacer tomen represalias contra aquellos estudiantes, o funcionarios, o académicos que son considerados peligrosos para sus ideas o, muy a menudo, para sus interéses económicos internos. Conocemos en estos años post dictadura de muchos casos así, algunos, como lo mostramos en estas líneas, en nuestra Facultad y en nuestras Escuelas de Arquitectura y de Graduados.” (Págs. 50-51)

Diálogo: “Pienso que la ausencia de un diálogo sobre los grandes asuntos universitarios acarrea resoluciones personales de los directivos que a menudo son poco felices, las que a veces contienen grandes errores que ya hemos conocido en la  gran crisis que afecta a la Universidad de Valparaíso. En este caso de la Escuela de Graduados, su creación sin una adecuada discusión previa y luego la pésima gestión de sus directores y la facultad, ambas cuestiones que han provocado situaciones que a poco andar hemos descubierto con verdadero pasmo”.
“En ciertas ocasiones –sobre todo el Año de los Pingüinos - discutimos sobre la educación, pero apenas la discusión debía tocar nuestra facultad y nuestra “escuela” no seguían las citaciones. Después, el otro director llegaba a acuerdos unánimes con todos los académicos, pero luego hacía lo que el decano decidía, quien nunca fue a tener una discusión franca con nosotros”. (Pág. 58)

Presencia:  “Hay muy pocas cosas hechas públicas por la Escuela de Arquitectura sobre los grandes problemas importantes de nuestro país sobre la Arquitectura y el Urbanismo, el Patrimonio, o la Vivienda Social, o la Ciudad, o la Enseñanza, etc, etc…” (Pág.66)

Grupos de Poder: “Pero el caso de la Universidad de Valparaíso es especialmente complicado (……) potenciado con una pésima administración y manejo económico y con la existencia de grupos de poder internos, ineficientes y sin los escrúpulos mínimos que una acción educativa y formativa exigen”. (Pág.70)  “Todos los académicos que no estábamos en los círculos muy restringidos del poder aceptábamos casi todo lo que estos círculos decidían sin preocuparse mucho de si estas decisiones eran justas o injustas….” (Pág.70) “Los estudiantes con los funcionarios (…) no tienen derecho a nada fuera de estudiar y trabajar respectivamente. El Consejo de Escuela hacía lo que el director decía y el Consejo de Facultad lo mismo, lo que el decano señalaba. Los demás aprobaban como corderitos”. (Pág. 72)

Discriminación: “Lo primero a pensar es en una discriminación política, asunto absolutamente inaceptable en un plantel de educación en general y, por supuesto, en un plantel universitario en los cuales se habla del deber de respetar toda característica individual sea esta racial, religiosa, económica, política, de género, etc.”  (Pág. 73)

Investigación y postgrado: “Estimo que la universidad es el centro del pensamiento de una región o país. Para ello debe desarrollar la ciencia, las técnicas y las artes que son propias a cada especialidad. Es necesario entonces que los académicos hagan investigación y postgrados desarrollando así su saber y no que éste sea estático, amomiado y el mismo de siempre,  que sólo se quede en una práctica que, siendo importante, ésta debería ser el complemento indispensable de una teoría cada vez más rica por la investigación y el postgrado”. (Pág.75)

Triestamentalismo: “….tal idea – y muchas otras…..deben hoy día hacerse hacia y con toda la comunidad en cada universidad, en el ejercicio pleno del triestamentalismo efectivo y ponderado, ambos los principios básicos de una real democracia universitaria, la que debe realizarse en libertad, pluralismo, no dogmatismo, autonomía, gratuidad, eficiencia en lo académico y en la gestión y planificación generales, y muy humana, transdisciplinaria, ética y moral.” (Pág.76)

Nuevo Poder: “Es evidente que ello significa un nuevo poder y control académico que comience a limitar el poder omnímodo de algunos profesores y algunas autoridades,- Poder y falta de control que ha llevado a algunas universidades al calamitoso estado en que se encuentran hoy”. (Pág.77)

Universidad de la dictadura militar: “Esto ha llevado a que los que pertenecemos al gremio de los académicos (…) sean considerados, por muchos, como unos revoltosos y díscolos que defendemos una concepción universitaria diferente, en especial la democracia universitaria y sus formas de ejercicio. Al respecto, no negamos que estamos en contra de la universidad de la dictadura militar,  que es a grandes rasgos la de hoy y de aquellos que la defienden”. (Pág.78)

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